Te acompaño a reconectar con tu cuerpo, tus emociones, la comunidad y la naturaleza para volver a tu esencia, sentirte viva-o y habitar la vida con mayor armonía.
Habilito y cuido espacios para sostener el dolor, habitar el placer y la presencia, reconectar con la comunidad y la naturaleza y recuperar tu vitalidad y dirección.
A través de prácticas de respiración consciente, somática sensible al trauma, y herramientas de expresión creativa, humor, filosofía y ecofeminismo.
Con una mirada sistémica de interdependencia, integramos lo personal y lo colectivo para vivir con mayor coherencia, vitalidad y armonía.
¿Quieres conocerme un poco más? Sigue leyendo
te cuento un poquito sobre mi historia.
Durante muchos años viví desde la mente, la prisa y la exigencia. Me licencié en Negocios Internacionales, especializándome en emprendimiento social, movida por el deseo de generar un cambio sociopolítico sostenible. Más adelante, cursé un máster en Filosofía aplicada a los retos contemporáneos: sociopolíticos, ambientales y tecnocientíficos.
Trabajé durante años como project manager en distintas organizaciones, moviéndome entre proyectos, viajes y un ritmo frenético. Desde fuera, todo tenía sentido. Pero por dentro, había un vacío profundo, muchísima exigencia y una desconexión creciente conmigo misma.
Hasta que un fuerte burnout me obligó a parar. Me fui a vivir a una isla pequeña en Tailandia, buscando una cultura y forma de vivir distinta, pero el malestar seguía ahí: ansiedad, pérdida de sentido, incoherencias, desconexión del cuerpo y de lo que realmente importa. No entendía por qué, teniendo “todo”, no podía sentirme bien.
te cuento un poquito sobre mi historia.
Durante muchos años viví desde la mente, la prisa y la exigencia. Me licencié en Negocios Internacionales, especializándome en emprendimiento social, movida por el deseo de generar un cambio sociopolítico sostenible. Más adelante, cursé un máster en Filosofía aplicada a los retos contemporáneos: sociopolíticos, ambientales y tecnocientíficos.
Trabajé durante años como project manager en distintas organizaciones, moviéndome entre proyectos, viajes y un ritmo frenético. Desde fuera, todo tenía sentido. Pero por dentro, había un vacío profundo, muchísima exigencia y una desconexión creciente conmigo misma.
Hasta que un fuerte burnout me obligó a parar. Me fui a vivir a una isla pequeña en Tailandia, buscando una cultura y forma de vivir distinta, pero el malestar seguía ahí: ansiedad, pérdida de sentido, incoherencias, desconexión del cuerpo y de lo que realmente importa. No entendía por qué, teniendo “todo”, no podía sentirme bien.
Ese punto de quiebre fue también una puerta. Empecé a comprender que mi malestar no era sólo personal: también tenía raíces familiares, culturales y sistémicas. Y entendí que el activismo que me movía nacía del amor por todas las formas de vida y su justicia, pero que el fuego que me impulsaba también me estaba quemando.
Empecé a escucharme, a volver al cuerpo, a conectar, expresar e integrar mis emociones y a reencontrar mi propia forma de estar en la vida.
Me formé en Breathwork y trabajo somático sensible al trauma, y encontré en la comunidad, el arte, la filosofía, la comedia y la expresión creativa caminos profundos de transformación.
También superé mi miedo al mar y al buceo, descubriendo en el océano un espacio de pura presencia, belleza y grandes aventuras. Me formé como instructora de buceo y me especialicé en proyectos de conservación marina, profundizando en ecofeminismo, regeneración y decrecimiento azúl.
Volví a sentirme en paz, viva, en coherencia, gratitud y, finalmente, satisfacción.
No desaparecieron los desafíos. Pero empecé a relacionarme con ellos desde otro lugar: con más recursos, soporte y confianza. Dejé de buscar una vida sin dolor y empecé a construir una vida con más sentido, vitalidad y coherencia.
Ese punto de quiebre fue también una puerta. Empecé a comprender que mi malestar no era sólo personal: también tenía raíces familiares, culturales y sistémicas. Y entendí que el activismo que me movía nacía del amor por todas las formas de vida y su justicia, pero que el fuego que me impulsaba también me estaba quemando.
Empecé a escucharme, a volver al cuerpo, a conectar, expresar e integrar mis emociones y a reencontrar mi propia forma de estar en la vida.
Me formé en Breathwork y trabajo somático sensible al trauma, y encontré en la comunidad, el arte, la filosofía, la comedia y la expresión creativa caminos profundos de transformación.
También superé mi miedo al mar y al buceo, descubriendo en el océano un espacio de pura presencia, belleza y grandes aventuras. Me formé como instructora de buceo y me especialicé en proyectos de conservación marina, profundizando en ecofeminismo, regeneración y decrecimiento azúl.
Volví a sentirme en paz, viva, en coherencia, gratitud y, finalmente, satisfacción.
No desaparecieron los desafíos. Pero empecé a relacionarme con ellos desde otro lugar: con más recursos, soporte y confianza. Dejé de buscar una vida sin dolor y empecé a construir una vida con más sentido, vitalidad y coherencia.
Mis valores son mi brújula, y guían la forma en la que me relaciono y trabajo:
Revisando siempre desde la ética, la mirada sistémica y la coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos.
Acompaño desde lo real, lo vulnerable y lo honesto, creando espacios donde podamos mostrarnos tal como somos y estamos.
Cada persona es la capitana de su propia vida. Navego en tu equipo, fomentando la autonomía, la escucha consciente y el respeto por tus necesidades y ritmos.
Cultivando relaciones basadas en el respeto, el cuidado y la colaboración, buscando formas de convivir que sostengan la vida humana y no humana.
¿Te animas a comenzar esta aventura juntas-os?
¿Quieres saber un poco más de mi?
Sigue leyendo hay algo más que quiero compartir.
Todos los obstáculos que vivimos, toda la belleza que emerge, cuánta complejidad y simplicidad coexistiendo a la vez.
Realmente puede ser abrumador, paralizador o para volvernos locos. Y bien, ya vemos mucha locura en forma de misil, de miedo, de miedo en forma de misil.
Mi camino ha sido experimentar muchas facetas de la vida. He vivido muchas vidas con sólo 30 años. Muchas crisis existenciales, muchos continentes, muchas formaciones y profesiones, muchos traumas, muchas invalidaciones y muchísimas prácticas ancestrales. Y sigo enamorada de la vida y fascinada con su complejidad y belleza.
Siento que el único antídoto a morir, es vivir. Vivir consciente, alineada-o con tus valores, con responsabilidad social y ambiental, y hacer más, mucho más de aquello que te hace sentir viva-o. Lo que hace que la vida valga la muerte.
El propósito, el sentido, encontrar tus pasiones, tus dones, aquello que hace brillar tus ojos. La reconexión con el no-hacer, contemplar y reconectarse con la vida sin los verbos hacer o merecer, sólo pertenecer. Y las relaciones.
A mi me mueve eso. Encontrar mi camino, mis pasiones, vincularme conmigo, con la naturaleza, con la sociedad y con mis vínculos más cercanos, con mucho amor, respeto y profunda curiosidad por su mundo interior. Y me mueve compartirlo.
Me gusta acompañar a personas a recordar su camino y forma de vivir que les haga felices y no coman perdices.
Sigue leyendo 🡫
Hace años que vivo nómada. Aunque soy muy consciente de que cada estilo de vida tiene sus ventajas y sus desafíos. Que no existe una única fórmula válida para todo el mundo, ni para todo momento.
Con el tiempo he aprendido que la respuesta no suele estar en hacer más, sino en escuchar mejor. Escuchar el cuerpo, nuestras necesidades, nuestros valores y la vida que intenta abrirse paso en nosotras-os. Cuando dejamos de luchar constantemente contra lo que sentimos y aprendemos a relacionarnos con ello de una forma diferente, algo empieza a transformarse. Alineando, poco a poco, nuestra vida exterior con aquello que realmente somos y queremos.
También sé que pertenecemos a la vida: libre, natural y en comunidad. Pero habitamos un sistema capitalista, patriarcal, colonial y extractivista que a menudo nos empuja hacia la desconexión, la prisa, el miedo, el odio, la productividad, el consumo, el individualismo y la ansiedad. En este contexto, la regeneración individual y colectiva depende tanto de cultivar paz y autoridad interior, alegría y vínculos sanos, como de desarrollar conciencia sobre los impactos que recibimos y generamos, actuar con coherencia y orientarnos hacia el cuidado de la vida.
Cuestionar aquello que no funciona y abogar por el cambio es un primer paso. Pero también necesitamos construir alternativas. Cultivar otras formas de relacionarnos, de cuidarnos, de convivir y de organizarnos. Más cercanas a la naturaleza, la comunidad, la empatía y nuestros valores. Porque el bienestar personal no es el final del camino; es el punto de partida desde el que aprendemos a cuidar de la vida que compartimos.
Y, al mismo tiempo, creo que las grandes transformaciones también habitan en la sencillez de lo cotidiano.
Una sonrisa.
Un abrazo.
Una conversación honesta.
Un acto de generosidad sin esperar nada a cambio.
Un baile sin zapatos, sin palabras y sin juicios.
Algo muy simple puede ser profundamente transformador cuando estamos realmente presentes y conectadas-os.
Si podemos reconectarnos con el todo, podemos transformar nuestra forma de habitar el mundo.
Porque no somos realmente libres mientras la vida, humana y no humana, siga siendo tratada como algo desechable, consumible o territorio de conquista.
Ahora sí, quiero conocerte a ti.
¿Te animas a comenzar esta aventura juntas-os?